La mujer detrás de la empresa

Soy Marcela Fallas, audióloga, empresaria, esposa y madre. Nací hace 40 años, un 11 de Febrero de 1981, en San José , Costa Rica. Soy la segunda de tres hijos de un hogar moraviano

Cursé mi primaria en la escuela Porfirio Brenes Castro y siempre me caractericé por mi desempeño académico y mis altas calificaciones. Recuerdo que representé a mi escuela en alguna actividad protocolaria en Casa Presidencial y en la Fundación Omar Dengo, lo que llenaba de alegría y orgullo a mi madre. Mis padres me apoyaban también cada 15 de setiembre, cuando desfilaba como bastonera.

Fui descubriendo, mientras crecía, que tenía habilidad para las manualidades lo que también notó mi abuela paterna y desarrolló mi tía con sus clases. Esa fue mi primera experiencia en el mundo de los negocios ya que las manualidades que creaba las vendía a conocidos. Tenía ideas y deseo de crear, innovar y de cumplir mis metas, ya que a esa edad ya las tenía.

Siempre en la línea de cumplir mis metas y viendo las ventas como una posibilidad para generar recursos económicos, mi padre decide apoyarme comprándome helados de la marca Cocoro para que yo revendiera. Salía cerca de casa a vender esos helados y mi mejor momento era cuando vendía el último helado. Era muy gratificante, a mis 10 años, sentir que lo que me proponía, lo podía lograr.

La vida de colegio la viví en el María Inmaculada de Moravia, donde aún con mucho cariño recuerdo a mis hermosos compañeros de dos generaciones y los memorables aprendizajes de destacados profesores.

En mi etapa de la adolescencia conocí al Señor, ese fue mi primer amor, creo que desde ese momento y hasta el día de hoy, me siento una persona plena, fiel a mis valores y rodeada de una cantidad de amigos que conocí en ese momento y que son incondicionales y para siempre. Asistía a Tele Católica Canal 48, y durante diez maravillosos años dancé, reí y alabé a Dios. Pasé por momentos de sanación y crecimiento y eso determinó la persona que hoy soy. Claro, me falta mucho aún por mejorar, pero la esencia de Dios sigue en mí y yo sigo en construcción.

Hubo aspectos difíciles en aquella época, momentos que hoy interpreto como aprendizaje y que de alguna forma contribuyeron a fortalecer mi vida.

Me casé recién cumplía 19 años (año 2000) y pocos meses después nació mi primer hijo llamado Sebastián. Recuerdo sus grandes ojos azules, su hermosa cara gordita y sus risas. Apenas me estrenaba como mamá cuando quedé embarazada de nuevo. Llegaría Luis Diego a sumar felicidad a nuestras vidas. Su nacimiento fue duro presentó dificultades de salud, pero como luchador que ha sido siempre y gracias a la ayuda de Dios, hoy es un fuerte y gran muchacho.

Siendo madre y esposa termino mis estudios de secundaria y empiezo la universidad estudiando Administración de negocios. Sin embargo, una afectación en la salud de mi hijo mayor hace que no curse el siguiente cuatrimestre de estudio y congelara por tiempo indefinido la carrera.

Algún tiempo después, en materia de estudio, coqueteo con la medicina, específicamente con la Geriatría pero pensando en lo sacrificado que sería para toda mi familia estudiar esa carrera, decido estudiar audiología. Asistí a una feria en la Universidad Santa Paula y cuando me explicaron en lo que consistía la carrera de audiología, me enamoré y ahí tomé la decisión de estudiarla.

Fue difícil estudiar con dos hijos pequeños, recuerdo llevarlos incluso a clases varias veces y estudiar entre tareas de casa y disfrute familiar; era complicado, pero siempre con mi norte y mirada hacia mi futuro profesional.

Fueron tres años de luchas constantes entre estudio y un divorcio, pero siempre encausada en cumplir mi deseo aspiracional: ser una doctora al servicio de las personas con pérdida auditiva.

Cuando terminé mi bachillerato trabajé para una empresa audiológica y ahí conocí a mi actual esposo. Salí de aquel trabajo y ya con un poco de experiencia profesional y con ayuda de mi papá, comencé lo que tanto había soñado, tener mi propia empresa. Deseaba complementar la audiología con el conocimiento del laboratorio de prótesis y me formé técnicamente al lado de un especialista. Era la primera mujer, recién graduada como audióloga, en tener su propio laboratorio. Sería el quinto a nivel nacional para aquella época.  Este hijo profesional, Otolabs, nació en Moravia, cantón donde actualmente tengo una de mis clínicas.

Para el año siguiente fundamos la empresa “Clínica de Especialidades Audiológicas” donde tratamos la audición desde la prevención, pasamos por el diagnóstico para finalmente rehabilitar a las personas con deficiencias auditivas.

Sin embargo, no atendía yo en la clínica en sus inicios, pues a pesar de ser emprendedora tenía un temor a fallar. Meses después y en vista de complicaciones con el personal, decido ser yo la audióloga de la empresa. Con paciencia, dedicación y apoyo de mi papá, vemos poco a poco el crecimiento de nuestra clínica. Recuerdo como si fuera ayer, el primer cliente para fabricación de audífono con receta de la CCSS: Doña María Isabel Chinchilla; ella aún nos honra con su preferencia.

Vinieron con el tiempo alianzas comerciales locales que nos permitieron consolidarnos en el mercado nacional como una empresa pionera y líder en el manejo de productos estéticos para la sordera, y comercializando diversas marcas del mercado internacional. Cruzamos las fronteras de negocios y hoy día comercializamos una excelente marca de soluciones auditivas, sin intermediarios.

Me casé con el amor de mi vida y una pieza fundamental en nuestro Laboratorio Otolabs, Randall Lobo. Un técnico especialista en prótesis auditivas estéticas y con quien trabajo hombro a hombro para sacar las dos empresas adelante, desde el 2013.  De esta unión de amor, nace nuestro niño arcoíris, Mathías, quien con Sebas y Lele completan nuestra familia.

Sigo estudiando y capacitándome y para el 2017 concluyo mi maestría en audiología lo cual me otorga el título de doctora según el Colegio de Terapeutas y Audiología.

Actualmente nos encontramos en una etapa de la vida de crecimiento empresarial, rodeada de colegas, clientes y amigos. Nos sentimos afortunados de todo lo valioso que hemos construido en esta vida y somos conscientes que, sin perseverancia, dedicación y empeño estos sueños no se hubiesen alcanzado.

¡Te invito a que construyas tus sueños! ¿Fáciles? ¡No para nada!, hay que trabajar duro pero te mantienen vivo.

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